Nada como pensar en el pasado y poder sonreir con un corazón genuinamente restaurado de las heridas y las descepciones. Miro atrás y sonrío —Qué locura.. Mi locura....
Se me llena el corazón de agradecimiento a mi Dios y de profundo regocijo; porque a pesar de cada desilusión de vida, El ha sanado y sigue sanando cada rincón de mi casa donde El habita.
Cuando puedes mirar al pasado, hacer las paces y dar gracias porque Dios te sacó. No tiene precio
Cuando aprendes a amar a los que te han hecho daño. No tiene precio. Es una libertad inexplicable. Es como mariposas de colores volando libres en un jardín.
Cada mañana me levanto y mi mente está innundada del Señor. Mi mayor tesoro. Y estoy locamente enamorada del hombre al que desde antes de la fundación del mundo, Dios escogió para sacarme de su costilla y formar parte indivisible el uno del otro.
Soy feliz. Tal y cual el Espíritu Santo me prometió una noche en mi tristeza. Yo le creí y mi esperanza nunca dejó de ser por causa Suya. Solo cuesta creerle a Dios. Porque cuando El habla es oro. Y sus promesas se cumplen.
Mente sana, corazón sano, dejarse reparar por el Espíritu de Dios... No tiene precio
Soy feliz! Cada detalle ha valido la pena.
“¿Quién podrá separarnos del amor de Jesucristo? Nada ni nadie. Ni los problemas, ni los sufrimientos, ni las dificultades. Tampoco podrán hacerlo el hambre ni el frío, ni los peligros ni la muerte. Como dice la Biblia: «Por causa tuya nos matan; ¡por ti nos tratan siempre como a ovejas para el matadero!» En medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quien nos amó, nos dará la victoria total. Yo estoy seguro de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la vida ni la muerte, ni los ángeles ni los espíritus, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes del cielo ni los del infierno, ni nada de lo creado por Dios. ¡Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado por medio de nuestro Señor Jesucristo!”
Romanos 8:35-39 TLA
Jireh Gerch




0 comments:
Post a Comment